Mi trayectoria

En la década de 1980, yo era un niño muy sensible —lo que hoy llamaríamos «hipersensible»— que se comunicaba con gran facilidad con la naturaleza y los animales; con ellos, todo era sencillo, fluido y directo. Sin embargo, también experimenté de primera mano lo difícil que resultaba comunicarse y estar en armonía con las personas.

Dada mi sensibilidad, el sufrimiento era una parte intensa y absorbente de mi vida cotidiana; algo para lo que no tenía explicación ni comprensión, y para lo cual carecía de un apoyo tranquilizador en mi entorno, a pesar de que dicho apoyo era esencial para aprender a regular estos estados emocionales intensos a una edad tan temprana.

Más allá de mi propio sufrimiento, también percibía el de quienes me rodeaban. Como tuve que encontrar formas de sobrellevarlo por mi cuenta, naturalmente puse esos mismos mecanismos de afrontamiento al alcance de otras personas de mi entorno que los necesitaban, todo ello sin ser consciente de que lo estaba haciendo.

Esta cercanía con el sufrimiento —tanto el propio como el ajeno, que sentía con la misma intensidad— ha sido mi mayor maestra desde que tengo uso de razón. Fue esta relación con el sufrimiento, impulsada por una percepción agudizada que no podía ignorar, la que me llevó a buscar, estudiar y experimentar con diversos enfoques espirituales y psicoterapéuticos.

Buscaba una manera de vivir en equilibrio, a pesar de mi tendencia a sentirme desbordada —tanto interna como externamente— por lo que percibía. Al igual que aprender a conducir un coche potente sin frenos, esta experiencia exigió que forjara —y me ayudó a cultivar— una resiliencia, una fe y una autonomía que los conocimientos adquiridos posteriormente me permitieron comprender e integrar plenamente.

Por tanto, fue natural que, desde mi primer trabajo a los catorce años —dando clases particulares—, me orientara hacia los demás para ayudarles a encontrar los recursos internos necesarios para afrontar situaciones que les causaban estrés y amenazaban su equilibrio.

Continué por este camino de ayudar a las personas a comprenderse mejor y a dominar sus estados internos: primero enseñando francés como lengua extranjera y, más tarde, impartiendo formación profesional a trabajadores sociales sobre la gestión del estrés y los conflictos.

A los 32 años, tras convertirme en madre por segunda vez, me formé en PNL y posteriormente en TCC (Terapia Cognitivo-Conductual) antes de establecer mi consulta privada como coach de vida. Seguía mi instinto, agudizado por mis nuevas responsabilidades como madre.

A lo largo de los últimos 18 años ayudando a las personas a revelar su verdadero ser, me he formado en diversas disciplinas, todas ellas con el objetivo de fomentar una profunda autoconciencia. La más reciente y significativa para mí es el IFS (Sistema de Familia Interna). Este enfoque me permite articular y estructurar lo que siempre he experimentado de forma intuitiva: el poder sanador de los vínculos.

Ofrezco mi experiencia como coach y profesional del IFS a personas que buscan desarrollar su intuición y su equilibrio interior para vivir en mayor armonía consigo mismas y con el mundo que las rodea.

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